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contraparte, los indígenas menores de cinco años concentraron 63% de los decesos. El
elemento que ayuda a explicar que el promedio de las defunciones por viruela entre los
indígenas sea más alto es la concentración de 34% de fallecimientos en los grupos mayores
de cinco años, especialmente el de cinco a diez, que representa 22% de las muertes. Es esta
afectación tardía o amplia, que afecta a los individuos mayores lo que provocó que el
promedio de edad de los indígenas fuese de 0.8 años más alto que entre los no indígenas que
habitaban esta ciudad sonorense.
En la figura 74 se expuso el movimiento estacional de las defunciones en Guaymas
de 1876 a 1877, en ella se anotó que abril de 1876 había sido el punto más crítico de este
brote epidémico de viruela. Durante este mes se presentaron 51 de los 119 decesos
provocados por esta enfermedad; por esta razón, este mes concentró la mayor cantidad de
muertes de indígenas. Los 29 registros de abril representan 59% de las muertes de indígenas
de todo el brote. De estos 29 casos, 12 correspondieron a mayores de cinco años,
sobresaliendo por su edad, cuatro difuntos: dos mujeres (14 y 20 años 165 ) y dos varones (14
y 30 años).
Al igual que en la ciudad de Álamos, el brote de viruela en Guaymas, por su carácter
extraordinario, se mostró con efectos directos en la conformación de las familias sonorenses.
Al respecto se pueden recuperar dos casos. El primero permite observar la forma en que la
viruela acabó de tajo con la vida de una madre y su hija. Las muertes de Severiana López y
la “niña” Refugio García se anotaron, sin dar cuenta de su edad, en el acta número 131 de
1876. No se indica si son indígenas, pero sus muertes las reportó la indígena Josefa Galaviz,
165 El acta de defunción la refiere a Marcelina Buitimea como una “joven indígena” de 20 años de edad, hija de
Juan Buitimea y Loreto Bajegua, que tuvo como destino final la fosa común del panteón.
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