Page 275 - RED001120
P. 275

menor escala, la viruela se presentó de forma simultánea a un pequeño brote de influenza,

                  durante 1894-1897, en la ciudad de Álamos. Mención aparte merece la mezcla de los brotes


                  de  viruela  con  la  mortalidad  generada  por  las  llamadas  fiebres,  signo  que  representaba

                  alrededor de un tercio de los fallecimientos anuales y que en casos como el de Hermosillo


                  (1869-1870) provocó la crisis de mortalidad más importante del periodo.

                         La epidemia de 1885-1888 fue la más intensa en cuanto a la cantidad de defunciones


                  registradas. Además, a partir de este brote se identifica el inicio de un proceso de ruralización

                  de la viruela. Antes de este brote, las tres ciudades más importantes de Sonora para el periodo

                  1869-1900, en donde se concentró 33% de las defunciones por esta enfermedad, agrupaban


                  más de la mitad de las muertes por viruela. En 1869-1870 y 1875-1877, Hermosillo, Guaymas

                  y Álamos fueron el escenario de 62 y 59%, respectivamente, de los fallecimientos por este


                  mal epidémico. Este esquema de distribución espacial se rompió a partir del brote de 1885-

                  1888, pues estas ciudades sólo representaron 22% de las defunciones,  y para 1894-1897


                  únicamente tuvieron 9% de los decesos ocurridos en el estado. La causa de esta situación se

                  atribuye a la aplicación de la vacuna en los espacios urbanos, lo cual generó que en las


                  ciudades se experimentara un control temprano de la viruela, por lo que la enfermedad quedó

                  ligada a las villas, pueblos y ranchos de Sonora.


                         En 1894-1897 se presentó el último brote viruela del periodo. Éste se caracterizó por

                  su bajo impacto demográfico y por la referida ampliación temporal (43 meses) que demuestra

                  una  pérdida  de  letalidad  de  la  enfermedad.  La  revisión  de  los  años  posteriores  permitió


                  identificar  la  ausencia  de  la  viruela  de  las  actas  de  defunción.  Fue  hasta  1911  cuando

                  reaparecieron casos mortales por este mal. A finales del siglo XIX se rompió la regularidad


                  de los brotes de viruela, perdiendo su presencia recurrente y avanzando hacia el control de la

                  enfermedad, aunque éste se quebrantó en medio del proceso revolucionario. Las primeras


                                                                                                       274
   270   271   272   273   274   275   276   277   278   279   280