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efecto diferenciado fue uno de los factores que contribuyeron a la invisibilidad de la viruela.

                  A diferencia epidemias que tuvieron un impacto generalizado entre la población, como el


                  cólera (1850-1851) o la fiebre amarilla (1883-1885), la viruela “respetó” a las familias de

                  notables (quienes seguramente tuvieron acceso al método preventivo) y se concentró entre


                  los sectores menos favorecidos de la sociedad sonorense.

                         Ser pobre y ser indígena eran dos características que se convertían en riesgos para


                  enfermar y morir de viruela. Los registros civiles de las ciudades presentan una mejor calidad

                  en su contenido y algunas dan cuenta de la condición étnica de los difuntos, en esos casos

                  fue posible explorar la relación entre estas variables. En el caso de Guaymas y Álamos se


                  observó una fuerte presencia de indígenas entre los muertos por viruela. Esto, además, tuvo

                  un ligero impacto en el aumento de la edad promedio de defunción. Las muertes de adultos


                  rompieron el esquema de distribución de la enfermedad, aunque continuó siendo notoria la

                  forma en que la viruela se concentró en los menores de 10 años, grupo de edad que llegó a


                  significar alrededor de 90% de las defunciones. Como se anotó a lo largo del texto, evidencia

                  la afectación de la enfermedad a la población nacida entre los brotes epidémicos; es decir,


                  las principales víctimas de la viruela fueron los infantes, aquellos para quienes el mal era

                  inédito y carecían de inmunidad.


                         Un  aspecto  característico  de  los  brotes  de  viruela  fue  su  combinación  con  otras

                  enfermedades. En 1877, el doctor Eugenio Pesqueira señaló la existencia de una relación

                  entre las llamadas “fiebres eruptivas”, las cuales se asociaban para “atacar epidémicamente”


                  a  la  población.  En  1875-1877  la  escarlatina  se  sumó  al  brote  de  viruela  para  agravar  la

                  dimensión de la crisis de mortalidad en Álamos. Durante el brote de 1885-1888, el sarampión


                  apareció inmediatamente después de la viruela y generó alzas en las defunciones, observables

                  en las gráficas con el movimiento estacional de Guaymas y Álamos. También, aunque en


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