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1850, ocho meses antes del brote epidémico que afectaría de manera generalizada a los
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sonorenses entre noviembre de 1850 y diciembre de 1851.
Por otro lado, con respecto a la subestimación de la viruela y el sarampión como
problemas de salud pública, José de Aguilar (1850, 13-14) no los considera como un
impedimento para el crecimiento poblacional de Sonora y, sin mencionarlas directamente,
las ubica entre el grupo de enfermedades de “clase común”. En muchos sentidos, tenía
validez su punto de vista, pues entre 1825 y 1850, la población sonorense pasó de 81784 a
147133 habitantes (véase figura 11).
José Francisco Velasco (1985, 49-51) identifica como enfermedades endémicas a la
diarrea, tisis, calenturas y el buche (“una especie de excrecencia o humor carnoso que
generalmente salía en el cuello”). Según Velasco, la viruela y el sarampión, como
enfermedades epidémicas, mantenían una regularidad en sus brotes; indica que durante el
siglo XVIII, “según la tradición y las noticias de las personas más viejas del estado”,
aparecían cada “veinte y tantos años”. Sin embargo, esta característica se modificó para el
siglo XIX y la viruela aparecía cada 14 o 16 años, mientras que el sarampión se presentaba
con ciclos de 18 a 20 años. En el caso exclusivo del tema que nos ocupa, indica que hacia
1850 la viruela no generaba los “estragos horrosos” que marcaron la etapa previa a la
existencia de la vacuna.
De regreso a la distribución poblacional, a partir de un par de anexos (2 y 10) de la
memoria de Aguilar (1850) se elaboró una figura para mostrar la cantidad de habitantes por
distrito hacia marzo de 1850 y las defunciones generales ocurridas durante 1849. La memoria
88 Los efectos de esta epidemia fueron documentados por Viviana Ramírez (2012) en su tesis de maestría “El
impacto social y demográfico del cólera en Sonora: 1850-1851”.
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