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Para explicar la carencia de datos específicos, destaca los avatares del gobierno en

                  torno a la integración de una estadística general. Al respecto, Aguilar (1850, 5-6) apunta:


                         [Aunque hemos realizado] varias medidas con el objeto de recoger noticias
                         más exactas para satisfacer los deseos de la comisión de estadística general
                         de la república, ninguna de ellas ha producido su efecto: la falta de hombres
                         científicos en el estado, y aun la de personas de regular conocimiento en la
                         mayoría de los pueblos, dificultan estos trabajos, mayormente cuando ellos
                         tienen que hacerse gratuitamente y demandan un carácter de observación y
                         estudio que es ajeno a nuestros habitantes.


                         Esto era consecuencia, en parte, de la emigración rumbo a California por la llamada


                  fiebre del oro, la cual dejó tras de sí “poblaciones miserables y escasas de personas aún para

                  los encargos más triviales”, situación que dificultaba aún más la realización de un censo


                  exacto (Aguilar 1850, 6). Por si esto no fuese suficiente, a los problemas referidos se sumaban

                  las deficiencias en el registro del movimiento poblacional. Aguilar (1850, 14) anota que la

                  mayor parte los pueblos se encontraban sin párroco para su administración espiritual y esto


                  dificultaba la creación de una “noticia general de los nacidos y muertos en todo el estado”.


                  Sin embargo, matizando la problemática, señala que los principales asentamientos del estado

                  contaban con datos precisos, tanto de la cantidad como de las enfermedades que causaban

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                  los decesos.

                         Pese a estas dificultades, el gobernador Aguilar asegura que la “población progresa”

                  y con respecto a los asuntos sanitarios, resalta:


                         Si bien la sociedad nos tiene cercados de tribus incivilizadas y en continua
                         guerra  con  una  salvaje  que  tanto  nos  ha  asolado,  la  naturaleza  nos  ha
                         colocado  bajo  un  clima  benigno  en  donde  no  es  conocida  enfermedad
                         periódica, y en donde por rareza se experimentan las pestes y enfermedades
                         contagiosas: el cólera morbus, azote del mundo, ha respetado nuestro estado,



                  87  Existe una notoria diferencia entre los registros parroquiales de los pueblos, villas y ciudades; no obstante,
                  en una exploración de las actas, salvo en los casos de brotes epidémicos, era poco frecuente anotar la causa de
                  muerte. Esta situación se mantiene, incluso, para los primeros años de la instauración de los registros civiles.

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