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Los documentos han demostrado que la construcción de los templos fueron costeados por el trabajo de los indios en las tierras de la misión. Pero también hemos detectado, que al menos en los templos de Tubutama, San Ignacio, Cocóspera, Sáric, Oquitoa, en los años que se supone inició la construcción o reconstrucción, residían en ellos algunas familias que no eran hijos de la misión, que de alguna manera se tipificaban por el misionero como operarios avecindados. De tal manera que en 1784 en el informe del Obispo de los Reyes, consigna a dichas misiones con dicha población. Lo que concluimos es que los hijos de misión se dedicaban por entero a la siembra y cosecha de las tierras de la misión para sufragar los gastos de la construcción de los templos y de los operarios. La economía debería de mantenerse en las misiones. Los inventarios de 1768, donde se consignan los bienes de la iglesia que tuvieron los jesuitas antes de su expulsión, que aún algunos permanecen en buen estado, son de gran utilidad para el conocimiento histórico-religioso de las misiones en las provincias colonizadas por España. Hoy en día son llamados arte sacro y arte religioso englobados en un solo concepto “Bienes culturales”, que por su carácter están sujetos al cuidado de instituciones federales, ya que son considerados parte del legado histórico de los mexicanos. Para finalizar quiero comentar, que sobre la transformación social de la población misional, así como la construcción de los templos y el desarrollo histórico de los pueblos en la provincia de Sonora queda mucho por hacer. Los sonorenses debemos conocer nuestra historia y nuestro patrimonio para poderlo conservar y conocer el presente.

