Page 181 - ::El Colegio de Sonora :: Repositorio Documental ::
P. 181
lugar estuvo el jefe de dicho grupo, que era el “cazador más joven y bravo de Misión Felipe”. Sigue las huellas y encuentra otro signo que le indica que la gente de Coyote estará de vuelta en pocos días. Decide esperarlos. Hace una fogata y pasa ahí la noche. Llegan los cazadores con un Cuernicabra que habían cazado y ofrecen al anciano parte de la caza, a manera de ritual. El narrador empieza a describir a Coyote “joven hercúleo y de facciones bellas por bravías”. Luego del ritual, el anciano rastreador explica: -Las madres de los padres, las abuelas y los hijos de todos los Kunkaaks van por la sabana como parvadas de murciélagos deslumbrados por la luz del rey del cielo. El yori, con sus barbas de lumbre, abrasó nuestras casas y mandó sus perros tras de nuestras carnes. Del pueblo sólo quedó la casa grande del dios muerto y barbón que adora el padre Trueba. Necesitamos que vosotros retornéis para juntar el rebaño que se ha dispersado. (p.29) Este discurso, en boca de Cuernicabra, es un tanto parecido al que Hernández pone en boca de Coyote. Aun cuando la intención del escritor haya sido recrear la vida del seri, el discurso no se apega ni a una traducción del seri, estas palabras están dirigidas a un grupo de la población que no es indígena. Hace uso de arcaísmos como “vosotros retornéis” y el lenguaje es florido si se considera que el lenguaje de los seris es sencillo, como ya se ha explicado en el capítulo anterior. Otro discurso que se incluye en el apartado, también en boca de Cuernicabra es el siguiente: -Contened el coraje, ¡oh corazones valientes por nuevos!, que la pelea debemos darla con maña, que no con fuerza: ellos, señores del rayo, dueños de bestias guerreras y de casas navegantes, repetirán la matanza de Misión Felipe, haciendo tragar el sueño a nuestros bravos y llevándose consigo a las más gallardas doncellas Kunkaaks. La fuerza de la juventud deberá hoy como siempre, oír a la astucia y a la malicia, que se acurruca en las cabezas de nuestras matronas (p.30) 181

