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El padre Trueba, alzando entre sus manos una cruz de manera rústica y humilde como él mismo, increpó a la turba. De pie sobre la barda del atrio, trató de contener la avalancha, sin conseguir otra cosa que el ultraje del polvo que tras de sí dejaron las bestias desbocadas. (p.19) Se habla de que en este lugar se había asentado un grupo de seris persuadidos por Trueba. Manifiesta que los indios construyeron sus casas alrededor de un templo dirigido por el padre Damián: La palabra sencilla de aquel hombre logró con los seris –o tiburones, como gustaban llamarlos los colonos europeos- lo que no consiguieron nunca el hierro y las bestias de guerra de los conquistadores ni el fuego y las armas de las tropas al servicio del Gobierno independiente: reunió los grupos nomádicos y les hizo olvidar poco a poco, sus costumbres ancestrales y bárbaras. (p.18) Empieza a verse desde este punto, la perspectiva del narrador, quien se apoya en el discurso ideológico que domina en ésa época y que ya se ha tratado en páginas anteriores: la aceptación del indígena sólo si éste se integra a la sociedad no indígena y olvida sus costumbres. • El éxodo El Éxodo tiene nueve páginas y media. Trata de la dispersión de los seris luego del ataque de Ariza. Introduce al personaje seri Cuernicabra, que es un rastreador que va en busca de los seris jóvenes y adultos, que habían salido a cazar y a pescar, antes del ataque de Ariza. Describe la forma en que el indígena caza a un conejo: lo abre estando aún vivo y lo empieza a comer. Utiliza incluso la piel que quedó para cortar pitahayas. En la arena del desierto, el rastreador descubre el signo de la dinastía Coyote (un cangrejo trazado con unas cuantas líneas) que le indica que en ese 180

