Page 182 - ::El Colegio de Sonora :: Repositorio Documental ::
P. 182
El tono de este fragmento remite a un exordio propio de la épica occidental. La forma en que el autor representa a los ancianos es de manera en que el hombre occidental observa a los antiguos patriarcas bíblicos o a los jefes guerreros de la épica europea. Es interesante detenerse en el siguiente segmento que el narrador otorga a los ancianos de la tribu: “huimos de las poderosas divinidades de nuestros padres, para abrazar la triste fe del rey coronado de espinas; de ese hombre que se dejó escupir y golpear por aquellos que más tarde lo hicieron su dios...Miserables de nosotros, que no supimos comprender a tiempo la debilidad del dios blanco. ¿qué podría hacer por sus hijos aquél que ni siquiera ha podido salvarse a sí mismo? ¡Tan indolente es el señor barbado, que no atina a desprenderse del madero en que lo tiene clavado el padre Damián desde mucho antes que se alzaran las paredes de su templo en Misión Felipe” (p.31) Toca el tema de la mezcla de culturas en los seris que se vieron obligados a huir luego del asalto de Ariza y plasma además, una crítica a la religión no indígena. Alcanza el tema a partir de la curación que el hechicero de la tribu le practica a Flor de Biznaga. Flor de Biznaga está muriendo “de decrepitud”. Los vocablos “mágicos” utilizados para el caso por el indígena se mezclan con oraciones enseñadas por el padre Trueba: El curandero sacrificó a los dioses viejos un perrillo, que había seguido en todas sus congojas a los caminantes. El cuerpo fue enterrado en una fosa cavada con las uñas de las mujeres, sobre ella saltó el brujo repetidas veces, pronunciando en cada ocasión el nombre de Flor de Biznaga. Para dar eficacia al acto mágico dijo en voz alta una oración que la tribu había aprendido en boca del padre Damián. (p.32) La anciana decide quedarse en el desierto “para que la marcha no rompa [...] el compás que imponen los que nos guían” y Sin más ceremonias, el mozalbete hijo de Flor de Biznaga cargó en brazos con la anciana y la apartó de la ruta para depositarla en la arena. Puso al alcance de su mano una tinaja llena de agua y dos tórtolas tiesas y oliscadas. 182

