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proporcionándoles un código de intercambio social y un código para nombrar y clasificar sin ambigüedades los diversos aspectos de su mundo y de su historia individual y grupal. Jodelet (1986:478), establece que “toda representación social es representación de algo y de alguien”. Dicho en otras palabras, la representación es un acto de pensamiento por medio del cual un sujeto se relaciona con un objeto. Por ejemplo el objeto puede ser una situación, un acontecimiento o una enfermedad; y el sujeto, puede ser un individuo, una familia o una población. Sin embargo, es importante aclarar, “[…] por sí mismo un objeto no existe. Es y existe para un individuo o un grupo y en relación con ellos. Así pues, la relación sujeto-objeto determina al objeto mismo” (Abric 2001:12). Jodelet (1986:481), dentro de las representaciones sociales describe dos procesos fundamentales, la objetivación y el anclaje. Estos procesos designan la actividad social y cognitiva que permiten la construcción y generación del conocimiento social. La objetivación es la operación que da imagen y estructura; sirve para materializar ideas y significados, hace corresponder cosas/ideas con las palabras. El anclaje es el enraizamiento social de la representación y explica cómo la representación se transforma en social. A diferencia de la objetivación, el anclaje ya no se trata de la constitución formal de un conocimiento, sino de su “inserción orgánica dentro de un pensamiento constituido” (ibid:486). Una vez que la representación social se vuelve visible, se objetiva la estructura de imagen, pasa a ser filtro de lectura y teoría de referencia para comprender la realidad, y de esta manera se ancla. Ambos procesos (objetivación y anclaje) actúan de modo simultáneo y se refuerzan entre ellos. El concepto de representaciones sociales también ha sido estudiado ampliamente desde la antropología médica, subdisciplina de la antropología social, por Menéndez y Di Pardo (1996), 25

