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que es el hemorrágico, y claro que sí estoy propensa, yo me siento que estoy propensa porque mi sangre ya está (Azul 53, FD). Atrás de estas representaciones, está el discurso biomédico, que si bien no menciona que una vez que se haya padecido dengue jamás se pueda donar sangre, pero establece un período de uno o dos años (dependiendo del banco de sangre) después de la enfermedad para poder ser donador, entonces de esta manera se va deformando en la comunidad la representación de no poder donar nunca sangre después de este padecimiento. Sin embargo, es posible constatar una congruencia entre esta representación y las prácticas de prevención de Azul, ya que en las dos rondas de observación realizadas durante el trabajo de campo, el resultado de la Actividad de Control Larvario fue negativo. No obstante, no siempre esta representación lleva a eliminar la reproducción del mosco en la vivienda como se expone en los casos de María, Elena y Candy. María, al igual que Azul, expresaba un gran miedo a enfermarse por dengue hemorrágico. Ella, con el sólo hecho de saber que sus hijos tenían dengue, se sintió atemorizada por la vida de sus hijos: Cuando me dijeron dengue lo primero fue miedo, ¡Ay es que yo le tengo mucho horror al dengue! Mucho miedo, pues yo pensaba que era hemorrágico, tenía mucho miedo, y ya me dijeron los doctores que no era hemorrágico descansé (María 65, FD). De igual forma, María tiene la creencia de que la sangre queda envenenada, y al quedar envenenada es más fácil atraer a los mosquitos que existen en su entorno: Yo le pregunté al muchacho que viene “qué si vuelve a picar”, y me dijo: “sí doña, sí vuelve a picar”, “válgame Dios yo pensé que no volvía a picar otra vez”, pero entonces yo pienso que a la misma persona que le pica como que ya queda envenenada la sangre ¿Verdad? (María 65, FD). 78

