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La personalización de la culpa es un proceso socialmente aceptado y reproducido; por dos

                  razones, primero porque es un escape irracional mediante el  cual la comunidad afectada


                  puede  dirigir  sus  frustraciones  y  ansiedades  hacia  personas  en  particular,  culpables  con

                  nombres y apellidos y no hacia la vaga presencia de una “institución”. Cuando la culpa se


                  personaliza es más fácil encontrar a quien castigar (Drabeck, Quarantelli, 2008).


                  La segunda razón es porque es una forma racional de creer que castigando a las personas que


                  cometieron las fallas, los  desastres se  evitarán en el  futuro. Es mucho  más fácil para el

                  ciudadano  entender  que  será  culpable  quien  dejó  de  supervisar  o  quien  dejó  el  cooler


                  prendido, que quien diseñó cambios en las políticas que afectaron el procedimiento y el

                  resultado de la misma.  Por lo  tanto, se cree que castigando a quien cometió  la falta, se

                  remediará el problema, cuando en realidad no se tiene la menor idea de lo complicada que es


                  la situación.


                  La sociedad sonorense aceptó como culpable a Eduardo Bours, primero porque hubo sinergia


                  en la escenificación de la estrategia por parte del PAN, y segundo porque Bours representaba

                  el funcionario de alto mando en quien se recargaría la culpa. El desorganizado manejo de la


                  crisis  y la protección  a ciertos  actores  por parte de Eduardo Bours también colaboró;  el

                  manejo  de  los  líderes  ante  las  crisis  es  también  un  factor  clave  para  permanecer  o  no


                  permanecer en el poder, inclusive, en ocasiones, un mismo líder puede experimentar diferente

                  resultados en diferentes crisis, como fue el caso del huracán Katrina, en Nueva Orleans,

                  donde paradigmáticamente el gobernador sí fue reelecto en la elección posterior al desastre;


                  o el caso de George Bush que vio su liderazgo fortalecido tras los ataques terroristas  del 11

                  de septiembre de 2001, sin embargo, tras el paso del huracán Katrina, fue duramente criticado


                  por su manejo en los aspectos como la previsión y la respuesta. Según un estudio realizado



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