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[…] para el gobierno, los alzamientos van hacer siempre actos ilegales en contra de
autoridades legítimamente constituidas, mientras que, para los insurrectos, será el
gobierno el ilegítimo, el que ha violado los principios constitucionales que ellos se
propondrían restablecer […] (2007, 184-185).
Esta es una idea importante porque cuestiona la aspiración unanimista del Antiguo
Régimen, así como la idealización de la opinión pública, utilizado en el debate sonorense,
como se verá más adelante.
En el caso de un pronunciamiento era fundamental circular textos impresos, en ellos
los autores buscaban producir un impacto en la opinión de los lectores y ganarlos para su
causa. Lograrlo implicaba recurrir a formas de comunicación aptas para transmitir su
mensaje, las cuales comprendían tanto el medio material que lo contenía, como la manera
de argumentar y defender la justeza del pronunciamiento. En cuanto al medio material
destacaban las hojas sueltas destinadas a convocar a la acción; la prensa periódica que
“informaba” y debatía razones; los folletos y libros que, por su extensión podían albergar
argumentos desarrollados, citas de autoridad e incluso la reproducción de documentos que
los sustentaban.
En relación al contenido de lo impreso, éste podía recurrir a una retórica destinada a
agitar a las masas, conmoviendo sus sentimientos a través de representaciones que
expresaban lo más apreciado, como la libertad, el honor, la patria, la familia, entre otras; así
como también lo más deleznable: la tiranía, la mezquindad, la cobardía, la traición. Por el
contrario, el discurso destinado a fundamentar una postura, debía aparecer racional,
sustentado en fuentes, debía utilizar un estilo académico y judicial, desarrollando
argumentos y contraargumentos, mostrando pruebas, citando leyes, etc.
Para la tercera década del siglo XIX, las imprentas estaban diseminadas en todo el
país, dando satisfacción a la demanda de papeles impresos para el debate. De igual manera
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