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los periódicos se habían convertido en medios indispensables de la comunicación política.
En el período jugaron un gran papel los órganos oficialistas, siendo vocero principal El
Diario del Gobierno editado en la ciudad de México, en el cual se insertaban notas
informativas de los pronunciamientos federalistas, pero para criticarlas acompañándolas
con editoriales adversas.
Otro diario capitalino fue El Cosmopolita, de tendencia federalista que publicaba
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favorablemente todas las acciones en pro del federalismo; estos periódicos circulaban de
manera irregular en todo el país. A Sonora nada más llegaban ejemplares a los personajes
públicos más reconocidos, y en ellos se reproducían textos que habían aparecido en Sonora
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alrededor de dos meses antes, denominados “Alcances”. A través de ellos, lo publicado
en Sonora se conocía en muchas partes del país.
En Sonora, la primera imprenta se instaló en Álamos a fines de 1827, cuando fue
capital del Estado de Occidente y estuvo a cargo de Felipe Gómez, quién editó el periódico
oficial, Aurora de Occidente, que a partir del 3 de julio circuló por cinco meses como
semanario siendo José María Almada su agente local, José María García Noriega en
Hermosillo y en José Elías Arizpe; esa víspera en Álamos apareció transitoriamente el
periódico particular Celajes de la Aurora en Occidente, de tendencia opositora al gobierno;
posteriormente, la divulgación de los temas políticos se dio a través de impresos sueltos
como las hojas y los folletos, hasta 1829 cuando apareció el semanario oficial Opinión
Pública en Occidente, para el año siguiente la imprenta alamense estuvo a cargo de Lucas
Villagrán. Por su parte, en 1833 se estableció en Arizpe un taller tipográfico a cargo del
241 El 16 de diciembre de 1835 aparece el primer tiraje de El Cosmopolita, siendo copropietario y editor Manuel Gómez
Pedraza con apoyo del rector del Colegio de San Gregorio, Juan Rodríguez Puebla; la publicación bisemanal, constó de
255 ejemplares y dejó de publicarse en 1843; en HNDM.
242 Según el diccionario de autoridades de 1726 los “alcances” eran “correos extraordinarios con algún pliego de
importancia” (DA.2000, Vol. I, 179)
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