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como Zúñiga y Velasco aseveran que uno de los motivos de encono sonorense que abrió

                  camino a los planes de emancipación regional, precedentes al pronunciamiento federal de


                  Arizpe, fue la indigna administración de los empleados de hacienda y militares foráneos, a

                  quienes se les miraba con desconfianza entre la población.


                         Otro aspecto que las vindicaciones expresan abiertamente, es lo referente a la

                  noción que cada uno posee de lo que es el gobierno, el pueblo y la mutua repercusión de la


                  actividad política local con la nacional. De entrada, todos coinciden en una manera de abrir

                  la exposición, buscan la reflexión del lector antes de presentar los hechos, es importante

                  tomar en cuenta que los relatos eran dirigidos a sectores del público o personajes


                  específicos, ya fuera para  aclarar alguna situación, o bien,  para acusar al opositor.

                  Particularmente, lanzaban una frase original de algún ideólogo, compendio o tratado que se


                  pudiera aplicar al contexto de  los hechos por narrar, y dieran sentido al contexto de la

                  publicación, es decir, para legitimar el documento, a la par de demostrar erudición, el autor


                  trataba de conectar al lector con su experiencia; tal fue el caso de Velasco, que recurre a

                  Dominique Pradt, autor de carácter conservador para criticar el apartamiento de la ley que


                  aceptaron las poblaciones sonorenses, dando por consecuencia a la guerra civil; y el de José

                  Manuel Estrella, que acude a Guillaume Raynal, que criticaba al despotismo, con una clara


                  alusión al ejercicio político de Gándara tras la derrota de Urrea.

                         La figura de José Urrea es tratada desde perspectivas diversas, para Velasco fue un

                  calumniador que aprovechó las adversas circunstancias de unos compatriotas con quienes


                  no compartía más vínculo que el paisanaje, situándolo en la clase de militares que aspiraban

                  la fortuna personal e intereses exteriores al de Sonora, que a la de los hombres amantes de


                  su patria, recelosos de la integridad física y moral de sus pueblos. Al respecto, en 1839,

                  Manuel Estrella e Ignacio Zúñiga, no hicieron una defensa incondicional a Urrea, de hecho,


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