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a otros departamentos a secundarlos y a Urrea se le designó “protector” otorgándole
facultades extraordinarias, esto último, no ocurrió en otros pronunciamientos, dónde sólo
fue considerado líder en jefe del movimiento.
Respecto a la territorialidad del pronunciamiento de Arizpe en diciembre de 1837,
se puede afirmar que tuvo dos momentos de expansión activa: uno, durante los primeros
meses de su lanzamiento cundió en Sonora y varias poblaciones de Sinaloa; el otro
momento fue cuando resurgió en el noreste de la república entre las guarniciones de
Tamaulipas, alcanzando en poco tiempo a los territorios de Chihuahua, Coahuila, Colima,
Nuevo León y Veracruz, principalmente, finalizando (en parte) con la rendición de Urrea.
En el pronunciamiento de Urrea en Tamaulipas a inicios del 838 participaron
guarniciones secundadas por grupos civiles de diversas poblaciones, principalmente del
noreste de la república. Respecto al plan de Urrea y Farías en 1840, aunque formó parte de
un proyecto federal fue una conspiración donde no hubo debate público, no se realizaron
juntas de vecinos ni reuniones de adhesión, propiamente dicho fue un movimiento militar,
que puede ser considerado casi un golpe de estado. Específicamente, en los preparativos de
este proyecto federalista radical formaron parte integrantes de logias, pero no hubo
participación del pueblo en masa a través de representaciones que incitaran al lanzamiento
del plan, siendo un caso totalmente opuesto al sonorense y tamaulipeco. Tocante al también
breve caso duranguense, la entrega de la gubernatura a Urrea obedeció a que la ocupaba en
la fecha que se instauró el centralismo, tampoco puede hablarse de una etapa de debate
previa porque este movimiento fue consecuencia de la pugna entre militares de la ciudad de
México.
Sí puede considerarse que José Urrea destacó a nivel nacional porque durante su
trayectoria militar ejerció el pronunciamiento como una práctica de representación política;
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