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Capítulo 5
El regreso inmediato, 1875-1877
Apenas cinco años atrás los habitantes del estado de Sonora habían sido víctimas de un brote
epidémico de viruela, el cual inició el 10 de enero de 1869 en la ciudad de Hermosillo con la
muerte de Antonia Bernal Valenzuela, una niña de cinco años, hija de Felícitos Bernal y
Josefa Valenzuela, originarios de esta población. El último caso del que se tiene noticia se
registró en el pueblo de Pitiquito, el 26 de julio de 1870, día en que José Ortega y María
Merced Velasco comparecieron ante el juez civil para dar cuenta del deceso de su hija de 11
meses de nombre María Dolores. El verano de 1870 se cerró un capítulo más de la viruela,
uno que dejó huella en 727 actas de fallecimientos del registro civil en una entidad de 108458
habitantes, que generó una tasa de mortalidad específica cercana a las siete defunciones por
cada millar de personas.
La honda huella que dejó la epidemia de 1869-1870 en asentamientos como
Hermosillo, Magdalena, Oquitoa y Pitiquito, donde se estiman tasas brutas de mortalidad
superiores a los 100 decesos por cada mil habitantes (véase capítulo 3), hizo evidente que la
viruela estaba lejos de ser un problema controlado. Lo anterior se reafirma con el
resurgimiento de la enfermedad a finales de 1875 y su permanencia hasta agosto de 1877,
rango temporal que marca el segundo brote epidémico que se analiza en esta investigación,
tanto en sus efectos demográficos como en las acciones sanitarias para su control.
Para identificar el origen de la epidemia de 1875-1877 es necesario ampliar la mirada
hacia el noroeste de México e identificar los casos previos y posteriores, para aportar
elementos que ayuden a comprender la ruta que seguían los brotes epidémicos de viruela en
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