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Capítulo 6

                                                   La última gran marca




                  En el análisis acerca de la presencia de la viruela en Sonora, se han referido los efectos


                  demográficos  de  los  brotes  epidémicos  de  1869-1870  y  1875-1877.  De  estos  se  tienen

                  registro  de  727  y  724  casos,  respectivamente.  Cada  epidemia  estuvo  marcada  por


                  circunstancias especiales que determinaron la dimensión de su impacto y las particularidades

                  de su distribución.

                         La epidemia de viruela de 1869-1870, como se documentó en el capítulo 4, se destacó


                  por su relativa invisibilidad como problema de salud pública. Esta situación contrastó con la

                  mortalidad que generó en tres de las poblaciones más importantes de la entidad, como lo eran


                  Hermosillo, Guaymas y Álamos, ciudades que concentraron 62% de las 727 defunciones que

                  se anotaron ante los jueces civiles. El brote de 1875-1877, estudiado en el capítulo anterior,


                  presentó,  entre  otros  factores,  una  virulencia  similar  a  la  epidemia  predecesora;  las  tres

                  ciudades  referidas,  por  ejemplo,  se  mantuvieron  en  un  porcentaje  similar  en  cuanto  al


                  porcentaje de decesos que reunieron (59%), pero existieron circunstancias que complicaron

                  su atención,  tales  como  la inmediatez del  brote, la combinación  con otras  enfermedades


                  eruptivas  de  manifestaciones  epidémicas  como  la  escarlatina  y  las  deficiencias  para  la

                  distribución y aplicación del pus vacuno.

                         Esta investigación busca generar una explicación acerca de los efectos demográficos


                  y las acciones sanitarias orientadas al control de la viruela en Sonora. Aun con las diferencias

                  antes señaladas, las epidemias que se presentaron antes de 1885 guardan algunas similitudes


                  en los patrones de distribución espacial y la carencia de acciones sanitarias contundentes.

                  Hasta 1885, las ciudades centralizaron más de la mitad de las defunciones y las medidas


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