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autoridades y los médicos”, pero hasta el momento no existía una explicación para “tamaña

                  calamidad, hoy sólo moral y mañana física” por parte de los responsables de esta tarea.  177


                         Entre los médicos que ejercían su profesión en Sonora durante el último cuarto del

                  siglo XIX, Eugenio Pesqueira es, sin duda, el más crítico y reflexivo en torno a los problemas


                  de salud. Probablemente su formación académica, carácter y juventud le llevaron a ser un

                  médico activo en los asuntos públicos, situación que ayudó a generar documentos como las


                  referidas observaciones al reglamento del Hospital Civil y la “Noticia de las enfermedades

                  epidémicas habidas en Hermosillo en los últimos cinco años” del 1 de enero de 1881. Para

                  este  informe  acerca  de  las  seis  epidemias  ocurridas  (viruela,  sarampión,  gripa,  fiebre


                  puerperal, tosferina y fiebre intermitente) entre enero de 1876 y diciembre de 1880, el doctor

                  Pesqueira se fundamentó en su práctica civil, el archivo del hospital civil y el libro de registro


                  civil. 178

                         La viruela, según el informe, se presentó “con mucha intensidad” de junio de 1876


                  hasta finales de 1877. La mayoría de los casos presentaron una “forma confluente” y “muchas

                  veces la forma hemorrágica (vulgo negra)”, afectando a “personas de todas edades que no


                  habían sido vacunadas o lo habían sido mal y que pagaron, como los niños, un tributo muy

                  grande  a la enfermedad”.  Con respecto  a las  acciones orientadas  al  control  del  brote de


                  viruela, señaló:

                         Es de notar que el ayuntamiento no tomó ninguna medida higiénica para
                         detener el desarrollo de la epidemia. Fue testigo de que la viruela cesó, sin
                         haber  cesado  el  genio  epidémico  ni  la  infección  del  aire  atmosférico.
                         Algunas  personas  que  mucho  después  venían  de  fuera,  contraían  la
                         enfermedad. No hubo exceso de viruela cuando ya no hubo personas en
                         quienes se manifestara. La viruela se fue como se va de los pueblos a donde
                         todos están vacunados, por saturación de la sociedad que es su terreno. 179


                  177  Ibid.
                  178  AGES, fondo Ejecutivo, tomo 87, año 1833-1887.
                  179  Ibid.

                                                                                                       224
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