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En el apartado dedicado a los efectos demográficos a partir de las actas del ARCES e
informes del AGES, se anotó que entre junio de 1876 y octubre de 1877 se registraron 191
decesos. Además, se han referido las dificultades para el análisis de las defunciones por las
deficiencias o imprecisiones en el registro de las causas de muerte. En torno a este punto, el
doctor Pesqueira indicó que las actas de defunción no daban una “idea exacta de los efectos
de la viruela, porque muchas de las muertes (99%) no se registran con el diagnóstico debido”.
Esta situación es un problema presente a lo largo del periodo estudiado, especialmente para
el conjunto de enfermedades que se ocultan detrás de términos imprecisos como la “fiebre”
o “consunción”. 180
A finales de 1877, el doctor Pesqueira identificó una epidemia benigna de sarampión
en Hermosillo, pero ésta no tuvo efectos en las defunciones. Esta situación, anotó el médico,
era relativamente común porque las “fiebres eruptivas se asocian para atacar
epidémicamente”. 181 La presencia sutil de esta enfermedad, que anteriormente causaba
estragos en la mortalidad, proporciona elementos para indicar que se trataba de un mal
controlado para esta época; ya que también se registraron casos en la villa de Magdalena,
pero el sarampión sólo provocó 8% de las defunciones, frente a 21% de fiebres y 35% de
viruela.
Las acciones sanitarias para controlar el efecto nocivo de las enfermedades se
concentraban en aquellas que tenían manifestaciones epidémicas. Por esto, las fiebres
intermitentes, que estaban presentes de forma endémica en Hermosillo, eran consideradas
como un padecimiento normal, incluso cuando se volvía epidémica en los meses de mayo a
180 Ibid.
181 En el apartado dedicado a los efectos demográficos de la viruela en Álamos, se refirió la combinación de
esta enfermedad con la escarlatina en 1877.
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