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bastante común que varias enfermedades afligieran a las poblaciones
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simultáneamente.
Uno de los primeros brotes epidémicos de viruela (combinado con sarampión y otras
enfermedades) afectó a los pobladores asentados en las márgenes del río Yaqui entre 1606 y
1607 (Reff 1991). A partir de resultados preliminares y con varios elementos pendientes de
comprobar, Patricia Hernández (2014) sugiere que durante el periodo que va de 1593 a 1670
(exceptuando el lapso 1626-1636) la viruela y el sarampión se manifestaban de forma
epidémica cada cinco u ocho años, situación que provocaba, además de las muertes, secuelas
como la desnutrición y distintos grados de invalidez entre los sobrevivientes, “sin descontar
pánico, escasez, dispersión de la población y la disolución de los vínculos, lo que a su vez
posponía las uniones y la concepción”.
En un balance acerca del impacto demográfico de la viruela en la Nueva España,
Chantal Cramaussel (2010, 14-16) asegura que la mortalidad que provocó la epidemia de
1778-1782 “no tiene comparación con la de las epidemias posteriores”. Este efecto
generalizado se debió, en parte, a su “velocidad de propagación” desde la ciudad de México
hacia el norte, aspecto que resultó “fulminante”, pues a finales de 1779 se presentó en
Durango y Sinaloa, y posteriormente atacó a la población de Sonora y la Baja California
(véase figura 6).
29 Traducción libre de su versión en inglés (“This confusion and failure to differentiate diseases reflects the fact
that, superficially, many diseases behave in a similar fashion. More importantly, epidemics of a single malady
were infrequent during the early historic period; circumstances such as malnutrition that favored the spread of
one disease also favored the spread of others. It was thus quite common for several diseases to afflict
populations simultaneously”).
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