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54 III.4. El intercambio comercial en Sonora en la década de 1830. En 1824 el gobierno de la republica habilitó al puerto de Guaymas para comerciar con barcos extranjeros 133 . El control del mercado sonorense estaba en manos de los grupos oligárquicos asentados en los principales centros urbanos, 134 cuyo principal negocio era el comercio de importación y distribución de productos en mercados locales, que complementaban con explotaciones mineras, agrícolas y ganaderas. Por vía terrestre se transportaban las mercancías en mulas a Sinaloa, Tepic, Durango, Chihuahua, Nuevo México y Missouri; gradualmente fue rompiéndose la dependencia que se tenía con los comerciantes de la ciudad de México 135 . La aduana del Puerto de Guaymas era el único centro oficial para el embarco y desembarco de las mercancías, a través de ese astillero se realizaba el cabotaje con los puertos de Loreto, La Paz, Mazatlán, San Blas y Acapulco, siendo las principales exportaciones regionales la plata, la peletería, la harina de trigo y la sal. 136 El comercio con barcos de Asia, Europa y Sudamérica consistió en el intercambio de minerales regionales por producto extranjero, pues éstos manifestaron poco interés por las materias primas y la mercancía local. Ese tipo de mercado interregional cambista, ahora libre de los altos costes de flete que se pagaban por productos provenientes del centro del país, permitió el fortalecimiento de los comerciantes radicados en Guaymas, Hermosillo, Ures y Álamos, 133 La apertura del comercio marítimo internacional a través de otros puertos alternativos a los de Acapulco y Veracruz fue un intento de la presidencia de la república para recaudar en las aduanas portuarias los recursos que la agricultura y la minería no podían proporcionar en ese momento al erario nacional, en Salmerón, “La Formación Regional, el mercado local…”,37-71. 134 Estos personajes que se hacían llamar “notables”, formaron extensas redes familiares cimentadas en alianzas matrimoniales articulando sus actividades económicas y políticas; en Ortega, “Un ensayo de Historia Regional…”, 135. 135 Ibíd., 44. 136 Ibid.77 – 94.

