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El antecedente constructivo de los templos en las misiones a decir del padre jesuita Bartolomé Castaños, 259 en su informe sobre la Pimería Alta en el año de 1734, menciona que las primeras construcciones antes de ser llamadas iglesias, las constituían las “ramadas”, que fueron construidas con troncos de árboles de la región y techo de ramas, adornadas con sus elementos simbólicos como una campana y una cruz, representando la presencia de Dios, espacio sagrado y símbolo de civilización, cuyo objetivo primario fue la salvación de las almas de los pobladores indígenas. Lo que podemos observar en este informe de 1730 (ver figura 24), es que las comunidades o asentamientos donde fueron erigidas ramadas como un primer paso a la llegada de los misioneros fueron denominados rancherías, es decir no alcanzaban la categoría de pueblos. Otros puntos dignos de mencionar, es que el pueblo de Ati, san Antonio de Oquitoa y santa Teresa, fueron visitas de Tubutama. Además, el pueblo de Ati y las rancherías del Pitiqui y las del Busani, cambiaron su nombre; Los Siete Príncipes de Ati, a san Francisco de Ati, Natividad del Pitiqui por san Diego del Pitiqui, mientras que las rancherías José Maria del Busani y Los Cinco Señores del Busani, se conjuntaron y posteriormente se les llamó san Francisco del Busani. Según el informe, el número de población es aproximado a mil trescientos sesenta y cinco pimas en los pueblos que conformaban en ese entonces la Pimería Alta, cantidad que se supone fue en aumento, en la medida que se fundó el resto de las misiones y se convencía a los indios gentiles de trasladarse a vivir en las nuevas reducciones. Las nuevas fundaciones misionales, aún eran consideradas rancherías como la de Caborca y sus visitas, con ramadas como templos, y con un número muy alto de población pima. Comparados con los que ya tenían el rango de pueblo. Por otra parte, se advierte la existencia de siete pueblos con tres iglesias terminadas, aunque reportadas en malas condiciones y tres más empezadas a construir. Sirva este cuadro para darnos una idea de los antecedentes constructivos de los templos, así como de las etapas del proceso de fundación de las misiones. 259 Molina, 6.

