Page 161 - ::El Colegio de Sonora :: Repositorio Documental ::
P. 161
El mismo padre Pfefferkorn da cuenta de la celebración del día de san Ignacio, que iniciaba con una corrida de toros que se realizaba en un espacio rodeado de una palizada. Se escogían diez toros que los indios mataban uno a uno con una lanza, donde algunos mostraban su audacia y valentía logrando su objetivo en los primeros intentos, al finalizar el evento los toros muertos servían de alimento a los indios. Posteriormente se ejecutaban bailes que representaban al motezuma y al pascola entre otros, al finalizar las danzas se servía chocolate y comida, hasta entonces los indios se retiraban a sus casas y así las celebraciones se prolongaban hasta tres días. 248 Aparte de las fiestas, los misioneros consideraban que el someter a los indios a realizar diversos trabajos eran parte de la instrucción necesaria para inducirles las nuevas formas de aculturación y erradicar en ellos las tradicionales formas de vida, además que debían ser ellos mismos los que se ganaran el sustento mínimo para mantener a su familia. Es de apreciar que las diferentes acciones desarrolladas por los indios eran ejecutadas como un intercambio por el alimento, ropa y regalos que los padres les ofrecían. “los padres misioneros tenían el hábito de guardar anualmente un buen suministro de tabaco que lo usaban para mantener a los indios de buen humor y para hacerlos obedientes, ya que ningún regalo podía ganar el afecto de los indios con más seguridad que el tabaco”. 249 Los indios que realizaban algún trabajo de organización o vigilancia dentro de la misión como el gobernador, alcalde, el mador y fiscales, se vestían de manera elegante con respecto al resto de los indios durante las festividades, resaltando la importancia de su cargo dentro de la comunidad misional, así, el gobernador “usaba camisa y pantalón de color escarlata bordados con plata, un sombrero decorado” y a semejanza de los oficiales españoles cargaba un bastón de mango de plata. Mientras que los otros indios se vestían dependiendo de la gratitud del misionero […] a los hombres se les daba pantalón y a las mujeres faldas largas de tela gruesa hecha en Querétaro…otra ropa de los hombres consistía de una tela azul de baja calidad de tres anas de larga y dos de ancha con una apertura al centro, donde metían la cabeza cubriéndose el cuerpo por el frente y por la espalda. Este vestido al que los indios llamaban tilm o tilma, se parecía mucho a la sotana de un sacerdote. La tilma de las 248 Ibíd. 249 Ibíd., 146
   156   157   158   159   160   161   162   163   164   165   166