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abandonados pasarían con el correr del tiempo a manos de los españoles que habitaban en las misiones o en sus alrededores Para que se ejecute este restablecimiento no puede servir de embarazo el que se dejen las iglesias y casas de algunos de estos pueblos de poca estofa, pues según los informes son de ninguna consistencia y corto momento. Para el auge de los pueblos en las tierras del común y particulares, sería muy importante se señalen rumbos a los pueblos, que en proporcionadas distancias no puedan establecerse ranchos de los de razón que hagan 143 prejuicio a los indios como ordena su majestad […]. El padre José Soler, encargado de la misión de San Francisco de Ati, resaltó en su informe de 1772, la dificultad de poder congregar a los indios que carecen de agua en sus pueblos para cultivar sus tierras en otros de mejores condiciones. Su reflexión se vinculó directamente con la forma de ser y el carácter de los naturales, en el sentido que lo bueno que consideraba la iglesia y el gobierno español para ellos, representaba lo contrario para los indios, el hecho de querer trasladarlos de un lugar a otro implicaba la dispersión de los mismos hacia la vida gentil dejando abandonados los pueblos de misión. Los pápagos fueron un ejemplo claro del carácter identitario desarrollado en los pueblos de la Pimería Alta, ya que tomaban por casa el lugar donde nacían y se criaban, por lo común su morada la construían bajo un mezquite, eran amantes de su tierra, aunque pobre, la preferían a la abundancia de otras. Esto se confirma, decía el padre, con lo distanciados que construían sus jacales y casas unos de otros o sobre las lomas, sin querer acercarse o reunirse para contrarrestar los peligros comunes. Dos opciones tenían los indios antes de abandonar sus pueblos: Una de dos para el indio: o correr libre por los cerros y montes hecho lobo voraz, o vivir domiciliado en el lugar donde sus padres lo criaron, donde tiene sus tierras, están sus parientes difuntos, sin querer perder de vista el cerrito, la loma, la milpa el Álamo, el mezquite la cañada, cuya vista fue siempre el objeto de sus ojos desde que los abrió. Reflexionando con mí corto juicio este punto. Soy de parecer que lo más seguro es dejar a 144 los indios en sus originales y propias tierras. Finalmente el proyecto del método nuevo mostraba resultados en la Pimería Alta. El mestizaje en los pueblos y la tendencia a disminuir el número de indios, el cambio de régimen de propiedad de la tierra de comunal a particular, la cada vez mayor presencia de 143 Ibíd. 144 ACH. Informe del padre Joseph Soler, de la misión de Ati, “informes de misioneros de la Pimería Alta y Baja”, 4 de octubre de 1772. Gobierno eclesiástico mitra de Sonora, caja 1, legajo V, 1744-1799. Copias de documentos, proporcionados por María del Valle Borrero Silva.

