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El Obispo Antonio de los Reyes centra la información de las misiones de la Pimería Alta en lo reducido de la población nativa, lo fértil de las tierras de los pueblos y manifiesta que los misioneros no cumplen con su función evangelizadora, además, insiste en el pago o sínodo que los misioneros reciben por sus servicios. Podemos interpretar que el Obispo no está muy conforme con que las misiones de la Pimería Alta se gobiernen con el antiguo método de comunidad, conciente de que su trabajo es pugnar por la secularización de todas las misiones para que sean parte de la Custodia y del Obispado. Sin embargo, es posible resaltar una mayor organización social, política y económica en la Pimería Alta, comparándolas con las de la Pimería Baja y la Opatería, que se presentan pobres y con su población dispersa. Además, el Obispo propone una serie de puntos tendientes a conformar nuevos pueblos organizados con las disposiciones de las leyes vigentes sobre la recopilación de pueblos con tendencia a secularizar a los que contaran con mayor población indígena. La figura 13, es un concentrado del padrón de población de la Pimería Alta de 1784 realizado por el Obispo de los Reyes. La primera columna enuncia las misiones y pueblos de visita, la segunda contiene el número de matrimonios que residen en cada uno de los pueblos. Mientras que la tercera informa el número aproximado de personas de todas edades y sexos que complementan la población pima en cada uno de los pueblos. La cuarta, especifica la etnia a la que pertenecen con el agregado del manejo del idioma español, aspecto que para el Obispo representaba un avance en el planteamiento original de la enseñanza doctrinal y la asimilación de la cultura española. La quinta columna se refiere a la presencia de grupos de población de españoles y otras castas que se han agregados a la misiones, con el interés de ocupar tierras o también el de contratarse como operarios con los padres misioneros para la realización de diferentes obras como la construcción de templos o el cuidado de los bienes misionales a cambio de un salario. Se hace el recuento de 340 familias y 917 individuos de todas edades y sexos de la población que en general son pimas, así como del número de familias no pimas agregadas a la misión que suman 71 familias. Al final de la figura 13, las dos últimas celdas

