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-El señor casanova y su esposa murieron al año siguiente del secuestro. Al no lograr localizar a su hija perdieron el interés en seguir viviendo. El tío de Lolita se hizo cargo de los negocios del muerto y gastó una fortuna tratando de rescatar a su sobrina. Como la viejecita dejó de hablar, seguramente porque los recuerdos estrujaban sus sentimientos, inquirí, inquieto: -¿Y qué pasó al final, tía Manuelita ? -Poco después hubo revoluciones, muchas revoluciones; se impuso el Imperio de Maximiliano y sucedieron muchas batallas. Por eso el tío de Lolita tuvo que suspender la búsqueda de su sobrina. La ancianita guardó silencio durante unos segundos antes de continuar: -Pero un día la localizaron, después de quince años del asalto a la diligencia. Los ojos claros de la tía no podían percibir las emociones en mi rostro; la ceguera senil sólo le permitía ver mi silueta. Sin embargo quiso complacer mi curiosidad y terminó su relato: -Lolita no quiso regresar al mundo civilizado. Dijo que amaba a Coyote-Iguana. Y a mi, que era un niño, me satisfizo el final de la narración, considerando que ese drama tan doloroso merecía un epílogo feliz. 242

