Page 237 - ::El Colegio de Sonora :: Repositorio Documental ::
P. 237
Anexo 7 Rocha, Gilda. Sonora un siglo de literatura: poesía, narrativa y teatro (1936-1992). Ed. Consejo para la Cultura y las Artes. P. 373. México 1993. El rapto de Lola Casanova Tomado de Alfonso Iberri Las viejas casonas de Guaymas, 1982 ¿En qué casa y en qué calle vivía Lola Casanova? En el relato de su desventura no se mencionan. En él, en ocasiones, la ficción y la realidad se dan la mano; pero el rapto de la hermosísima muchacha y después su vida bronca, entre salvajes, vuelta salvaje ella misma, construyeron una serie de episodios, que espeluznan. Sin reparos, la conseja atribuye sensibilidad y lenguaje de protagonista de novela romántica del siglo XIX a su raptor; el indio Montaraz cuya cabeza la imaginación ha visto adornada con largos cabellos de comanches que él venció; pero nosotros nos desentendemos de la descripción fantástica y de las nebulosidades en que están envueltos los sucesos, para atenernos a la narración escueta del drama truculento, en toda su crudeza. Los dieciocho años de Lola Casanova florecían con esplendidez. Su padre era uno de esos luchadores españoles que en aquel tiempo se habían establecido en nuestro puerto y formato su familia en él. ¿Comerciante o simplemente empleado? La historia no lo dice. Lo que refiere es que un día, en fecha cuya imprecisión es evidente, pero de todas maneras allá por los cuarenta o los cincuenta del pasado siglo, Lola partió alegremente para Hermosillo, con algunos de sus allegados, en una carretela o diligencia que formaba parte de un convoy de carros en que se transportaban mercancías. Por los breñales del camino la caravana avanzaba lentamente rumbo al norte y llegaba a un paraje desierto, La palmita, cuya ubicación no se señala, cuando le salió al paso, la detuvo y atacó, una banda de indios astrosos y semidesnudos, en cuyos brazos y torsos resaltaban estrambóticos tatuajes. ¿Qué sucedió después? Se percibe en el relato, sin detalles, la derrota y la huida de los hombres del convoy... y nada más. Nada más hasta ese punto; pero lo que sigue estruja el alma. Los asaltantes eran miembros de la tribu seri, llamada también Kunkaaks hoy a punto de extinguirse, capitaneados por su reyezuelo Coyote Iguana, de otra tribu, la pima, capturado por ellos en infancia y llevado pues a la suprema jerarquía, por sus rasgos de valor. Lola Casanova, abandonada en el campo donde las flechas y las tablas de las carabinas se cruzaron, yacía desmayada. 237
   232   233   234   235   236   237   238   239   240   241   242