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comunicación estética, crítica y argumentativa. El uso y la manipulación de archivos, bibliotecas y redes de información son las herramientas en el trabajo del historiador con propósitos de construir una narrativa y un discurso histórico lógico. El investigador debe ser conciente de sus propias limitaciones, de su historicidad y saber que, para alcanzar la comprensión de sus sujetos de estudio, es necesaria una captación conjunta de todo aquello que hace significativo un acontecimiento histórico: las intenciones que motivan las acciones, las acciones mismas y sus consecuencias –deseadas o no– dentro de los contextos sociales y culturales. El pasado construido como historia es un interminable proceso de interpretación por los historiadores, es un acto de imaginación y las categorías de análisis, supuestos, modelos y estilos figurativos se vuelven parte de la historia que tratan de desenredar. Para White no se puede conocer la historia del pasado como fue realmente. No puede haber un pasado no contaminado historiográficamente; el pasado existe sólo como está escrito por los historiadores. Por ello, el análisis del discurso aplicado a estas fuentes debe tomar en cuenta la forma, el significado, la interacción y las representaciones mentales colectivas. El contexto y el marco discursivo de la época juegan un rol fundamental en la descripción y explicación de dichos textos. En la medida en que la historia es un discurso escrito, una narrativa, se puede repensar la relación entre la literatura y la historia como expresión de un proceso integrador del conocimiento. Pues es innegable que la literatura, entre sus funciones, cumple con la de reflejar un marco histórico determinado, ya que toda obra literaria responde a las condiciones histórico-concretas que trata y a las que su autor está expuesto. 51
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