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vida de uno de los hombres que lo acompañaba. Además perdió dos mulas. Sin embargo, el capitán se salvó de ser lesionado por “diez jarazos que le dieron de la cintura al pecho”, 98 debido a que portaba su chaleco de cuero. Todas estas condiciones adversas que se presentaban en el abastecimiento de la tropa, contribuían a que el capitán desarrollara una concepción patrimonialista del cargo, pues pareciera lógico pensar que entre más difícil fuera suministrar las mercancías, mayor ganancia iba a querer recibir. Además, es fácil imaginar que para cuando la real hacienda liberaba el situado, y para cuando el apoderado-comerciante capitalino cobraba el crédito que había otorgado, los capitanes veían el dinero restante del situado de la tropa, como parte de su propiedad, pues habían invertido su propio crédito para la habilitación de su compañía. Cabe agregar que el “principal caudal” de un comerciante era su crédito (González de la Vara 1996, 144). No obstante, para los capitanes no debe haber sido difícil conseguir crédito, pues los comerciantes también parecen haber compartido la idea de que el situado de la tropa formaba parte del patrimonio del capitán. En este caso, el situado podía ser usado como aval para el pago de cualquier adeudo que el capitán contrajera, ya fuera para cuestiones personales o para cuestiones relacionadas con el presidio. Esto se debe a que en el sistema patrimonialista de poder no existía una distinción entre el dominio público y privado (Imízcoz 1996, 19). Esta situación puede ser mejor explicada a través del caso del militar vasco Jacobo de Ugarte y Loyola, gobernador de Coahuila y capitán del presidio de Monclova. 98 Correspondencia entre Juan de Pineda y el marqués de Croix. San Miguel de Horcasitas, 16 de mayo de 1768. AGN. Provincias Internas, volumen 47, folio 353. 116

