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Vildósola que tuviera disponibles 2,500 pesos, para poder ofrecerlos como remuneración por cualquier cargo excesivo que pudiera haber realizado a su tropa. Esta idea que tuvo el ayudante de inspector, le surgió del conocimiento que tenía de que a lo largo de la frontera norte, era común la práctica de vender mercancías a las tropas a precios inflados. También estaba enterado de que los superiores de Vildósola, lo acusaban hipócritamente, por actos de corrupción que ellos también realizaban. No obstante, en los registros financieros, sí existía información que incriminaba a Vildósola de vender provisiones a sus hombres, a precios elevados. Sin embargo, Bonilla señalaba que las ganancias lucrativas y corruptas se habían obtenido de la misma forma que las de los capitanes de San Miguel de Horcasitas, Altar, Fronteras, e incluso Tubac, presidio que estaba bajo el comando de Juan Bautista de Anza (Ibid, 220). 146 Por su parte, los argumentos de José Antonio eran similares a los de Bonilla, pues se defendió de las acusaciones señalando: “Pero sin embargo de que no encuentro me haya yo excedido más que al corriente de todos los demás presidios siguiendo a ellos parece me ha caído a mí solo la mancha, sin embargo de no tener ningunos caudales como los tienen por su antigüedad aquellos capitanes” (De la Torre 2008, 607). De la declaración de Vildósola se deduce que él, y los demás capitanes ejercían el poder mediante la concepción patrimonialista del cargo, pues cuando Vildósola generaliza su situación y cuando pondera los “caudales” de los capitanes en relación con la antigüedad, hace ver que él y los demás, concebían el presidio como un negocio propio que con el tiempo podía ser redituable. 146 No obstante, esta última declaración en contra del capitán Anza contradice el reporte presentado por el marqués de Rubí, durante su visita al presidio de Tubac, en donde manifestó que Juan Bautista era un hombre rico, que poseía tierras, ganado y minas, pero que a diferencia de otros capitanes él no lucraba con el situado de su tropa, pues incluso las cueras que vendía a sus soldados las proveía a precios menores que los establecidos por el visitador Pedro de Rivera (Kessell 2002, 254). 135
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