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vinculada a las prácticas comerciales, y éstas parecen haber sido monopolizadas por ambos grupos. Esto se puede inferir si se considera que en 1592 se estableció en la capital novohispana el Consulado de México, el cual fue un “pilar fundamental del orden establecido”, pues servía como “asociación profesional y tribunal mercantil” (Ibid, 159). 46 Éste tribunal era dominado por los “almaceneros ricos de la Ciudad de México”, y por lo tanto “se limitaban a ser la voz política de las grandes casas importadoras” (Ibid). Sin embargo, como señala Antonio Duplá, desde finales del siglo XVI se presentaron luchas entre los vascos y los montañeses para obtener el control del Real Tribunal del Consulado (Duplá 1992, 75). Es posible que el predominio de vascos y montañeses en el ámbito comercial Novohispano, así como las pugnas entre ambos grupos hayan propiciado que a partir de 1742, el consulado de México se dividiera en dos partidos: el vasco y el montañés. En este nuevo escenario cada partido elegía a un cónsul y se alternaban cada año para elegir al prior. Como consecuencia de la división en el consulado, se excluía de votación a los oriundos de otras provincias (Brading 1975, 151). Ambos partidos, a su vez fundaron agrupaciones religiosas y de beneficencia llamadas cofradías, situación que como se mencionó anteriormente, también se presentó entre las redes de paisanos vascos y montañeses en Andalucía. En la Ciudad de México, el partido vasco creó la Cofradía de Nuestra Señora de Aranzazu, mientras que el partido 46 El sistema comercial entre los puertos de Cádiz y Veracruz, vigente en el siglo XVIII favorecía a los comerciantes de la ciudad de México, pues eran ellos y no los de Cádiz quienes obtenían las mayores ganancias. Esto se debe a que los comerciantes gaditanos se veían en la necesidad de deshacerse de sus mercancías rápidamente, y en consecuencia las vendían a precios bajos a los comerciantes capitalinos (Ibid, 137). 81

