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consecuencia, la emigración de gente de distintas regiones de España hacia Andalucía, se había convertido en algo común (Bustos 2005, 136). En el caso particular de la emigración de los vascos hacia Andalucía, Fernando Muru Ronda señala que “incluso antes de 1492, existen indicios y pruebas documentales en torno a una cierta agrupación étnica vasca, especialmente referida a las actividades comerciales en las ciudades de Sevilla y Cádiz” (Muru 1999, 94). Los vascos participaron a través de la navegación, en transacciones que se realizaban entre ambos puertos andaluces con las regiones internas de España y con tierras extranjeras. Esto indujo el aumento de población vascongada en Andalucía, la cual era significativa al momento de gestarse la expansión del Imperio Español hacia América, así como el comercio trasatlántico (Ibid). El mismo autor señala que “los vascos fueron tejiendo una densa red que les permitía posicionarse a partir del siglo XVI en destacadas parcelas de poder desde las que bien podían controlar las actividades económicas en relación con el tráfico indiano, o participar en ellas” (Ibid, 94 y 95). También atribuye el éxito de los vascos a “la política 43 proteccionista de la Corona”, a “su tradición marinera”, a “la experiencia secular acumulada por sus hombres de negocio” y a su “tradicional laboriosidad” (Ibid, 94). De esta forma, ante la diáspora, los paisanos vascos procuraron reunirse entre sí, y al hacerlo reforzaron su “identidad regional, étnica y cultural” (Lamikiz 2010, 125). En este sentido, Hausberger señala que “entre los vascos, quienes de repente se encontraban en una posición minoritaria […], se dio un proceso de etnización” (2011, 83). Como prueba de su 43 Parte de la política proteccionista de la Corona hacia los vascos se evidencia con el hecho de que los Reyes Fernando IV y Alfonso IX habían otorgado “importantes exenciones en la aduana de Sevilla […] a las localidades de Bermeo, Bilbao, San Sebastián y Guetaria” (García 1997, 149). 78
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