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asociada a la limpieza, pureza y pecado, y a la vez, el “cuídate” implica un permiso por parte de los padres hacia los hijos varones para ejercer las prácticas coitales protegidas. El cuídate como herramienta discursiva esconde una sexualidad aún velada, pero con una apertura mayor hacia los chicos que hacia las chicas. La diferencia en los discursos entre hombres y mujeres reside en que la familia es depositaria de otros discursos de orden moralista que contribuyen al mantenimiento de las diferencias de género. Estas diferencias tienen la finalidad de inculcar, promover, asegurar e intensificar la feminización y masculinización de los roles. En este sentido, Núñez refiere que el proceso de masculinización, consiste en desviar a los varones de prácticas o preferencias no heterosexuales, y con esto, reforzar su masculinidad (2006, 49). De acuerdo a los varones entrevistados, los consejos que dan sus padres sobre sexualidad, se expresan a través de recomendaciones respecto a la manera en que deben tratar a las mujeres: “Me da consejos pues, por ejemplo con mi novia, me dicen de que no me pase con ella, por ejemplo, mi amá ya sabe cómo soy, y pues todo el tiempo me dice que no la obligue a nada, porque como soy mayor de edad yo, y ella menor, por eso” (Germán) “Mis papás me aconsejan sobre cómo tratar una mujer; si en verdad la quieres, pues, trátala bien, me dicen, y que no juegue con ella” (Tomás) La connotación de masculinidad está presente en los discursos de Germán y Tomas, es decir del hombre protector que tiene la responsabilidad de cuidar a las mujeres, pero también la difusión que hacen los padres sobre la importancia de ejercer un buen trato con las chicas, es decir, la familia hacen emite especificaciones sobre cómo se debe tratar a una mujer. A diferencia de otras chicas, que por lo regular hablan de sexualidad con sus madres, Ana mantuvo conversaciones con su padre relacionadas con el control de su sexualidad. En la plática que Ana sostuvo con su padre, se pone en juego, como sugiere Jones, un mensaje moral, es decir, a diferencia de los hijos varones a quienes los padres, con la finalidad de legitimar el inicio de relaciones sexuales de los adolescentes varones, entregan preservativos o dinero para comprarlos; la experiencia de las mujeres se reduce a recibir el genérico 70
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