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significa que ya van a tener relaciones” (Blanca) “Mi mamá me dice: ¡Ay de ti el día que ya tengas! ¡Cuídate! y así me dice que me espere hasta el matrimonio (risas) y la verdad yo sí quiero esperarme, (Y: ¿Por qué?): Porque luego te reclaman los esposos” (Tamara) La definición que Blanca y Mónica tienen acerca del matrimonio es una reproducción del discurso tradicional de los valores familiares, que se concibe como un estado único de ejercer la sexualidad, en el cual a su vez, como expresa Tamara “luego te reclaman los esposos”, la violencia también se manifiesta a través la promoción de la importancia de la virginidad y exclusividad de la vida sexual de las mujeres. Las recomendaciones de cuidado que hacen los padres a los hijos adolescentes, representan pequeños indicios de apertura para la expresión de la sexualidad, con mecanismos de control mayores para las chicas: “Mi mamá se agarra y me avienta un “biblión”, acerca de las relaciones, los embarazos y las enfermedades; que uno se tiene que cuidar porque ahora los hombres son muy cochinos, se acuestan con una y con otra, además de las enfermedades y todo eso. Me dice que existen los condones, los preservativos y la pastilla del día siguiente. Yo nomás la escucho” (Mónica) La familia como instancia de control y vigilancia sexual presenta una reconfiguración de las valoraciones de la sexualidad. La recomendación por parte de los padres a las hijas e hijos adolescentes sobre el uso de anticonceptivos ha ganado terreno a los dogmas religiosos que velaban la expresión de la sexualidad; las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos no deseados son las consecuencias que los padres desean evitar en la sexualidad de los hijos, más allá del inicio de las relaciones sexuales. Sin embargo, la prescripción de este tipo de cuidados en las mujeres se sustentan en el modelo del amor romántico, bajo la premisa del matrimonio y una pareja estable, como vemos en los discursos de Tamara, Mónica y Blanca, a través de los cuales sus madres intentan controlar su sexualidad. La notoria preocupación de las madres por la sexualidad de las hijas ya no es regida por preceptos religiosos, aunque persisten vestigios que refuerzan la institución del matrimonio como la manera deseable de expresar la sexualidad, como en algunos testimonios los padres de las 72

