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doble responsabilidad: autocontrol respecto al consumo de drogas, alcohol o pertenecer a pandillas y cuidar a las mujeres. Mientras que la sexualidad femenina, tradicionalmente se presenta como un elemento pasivo frente a una sexualidad activa propia de lo masculino (Szasz 2004). El consumo de alcohol en los varones se vuelve un subterfugio que permite la naturalización de la sexualidad masculina como incontrolable, a su vez refuerza, como sugiere Núñez, el proceso de masculinización. Aquí reside el control parental de la sexualidad en los hijos varones; los padres se preocupan por el consumo del alcohol en los hijos varones debido a que pueden incurrir en prácticas sexuales sin protección, y por tanto, las consecuencias de un embarazo no deseado que impacta en la economía de la familia de los varones, al tener que responsabilizarse de sus actos. En la formación de la sexualidad de los adolescentes, la familia no es el único espacio que detenta su control, la escuela es otra instancia importante para la formación y reproducción de discursos sobre el sexo. Al respecto, el contenido de las temáticas de sexualidad impartidas en la escuela, de manera formal o informal, tratan sobre cuestiones biomédicas y con una visión de riesgo. Por ejemplo, Blanca ha interiorizado un discurso sobre la sexualidad basado en los aspectos biológicos del cuerpo, en el cual la sexualidad empieza con la menstruación y termina con la reproducción, relacionándola con factores de riesgo como la drogadicción. Es decir, el discurso de Blanca expresa el éxito que ha tenido la medicalización de la sexualidad en las personas, excluyendo elementos de autoerotismo y placer, como vemos a continuación: “Pues cuando te daban las clases de (…) pues todo sobre sexualidad, desde que te baja hasta cómo hacer un bebé (risas), y cuando vienen de fuera, que vienen a dar temas sobre drogas, sexualidad y métodos anticonceptivos, pero ahora todo mundo sabe de eso” (Blanca) La distinción que realiza Foucault continúa vigente, con la medicalización de la sexualidad de los adolescentes, y al no reconocerles, como sugiere Climent, su derecho a tener una sexualidad placentera y responsable (2009). La educación sexual tradicional que se 76

