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Sin embargo, cabe destacar que aunque la triada de propuestas se adaptan a los conceptos manejados en biología evolutiva no significa que lo hagan de una manera exacta. Lo anterior principalmente debido a que aunque las rutinas son firmes y “casi” tan duraderas como los genes, la diferencia aquí estriba en el “casi”, pues como ya se mencionó con anterioridad dichas rutinas pueden cambiar y adquirir caracteres distintos. En ese sentido, mientras la biología evolutiva no reconoce la herencia de caracteres adquiridos, la economía sí lo hace, por lo que se dice que más que darwinista, el enfoque evolutivo de Nelson y Winter es de tipo Lamarckiano. Adicionalmente, la teoría puede ser calificada como Lamarckiana en el sentido de que contrariamente al comportamiento genéticamente programado del darwinismo, en el comportamiento humano hay lugar para la intencionalidad y la innovación (Hodgson, 1993a, citado en Hodgson, 2007, 234). 1.2.4 Rutinas, heurística e innovación La innovación posee un trato distinto entre la propuesta de la economía evolutiva y la teoría económica ortodoxa. Mientras la primera de ellas reconoce el surgimiento endógeno de innovaciones, la segunda lo hace exógenamente. La teoría económica evolutiva subraya la idea de que la variación en el sistema económico está dada por la generación de innovaciones. En relación a ello, Ulrich Witt (1992, citado en Hodgson, 2007, 133) escribe “para una noción adecuada de la evolución socioeconómica es indispensable apreciar el papel crucial de la innovación”. Asimismo, Nicola Foss (1994 en Hodgson, 2007) afirma que la economía evolutiva del tipo elaborado por Dosi, Nelson, Winter, Witt y otros, se ocupa de “la transformación de estructuras ya existentes y del surgimiento y posible diseminación de innovaciones”. Llegado el punto, es 23

