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[…] los arispeños; todos los pueblos de Sonora, y nuestros hermanos los Sinaloas,
no conocemos otra educación que la que al pie de cuatro siglos nos ha dado nuestra
madre la gran capital en todas épocas, la villana mejico cuyos políticos antiquísimos
en superlativo grado, solo nos han sido utiles para estraer los abundantes y ricos
tesoros que producen nuestros terrenos: que jamás ha hechado esa corte una mirada
compasiva sobre nuestro desafortunado país; estableciéndonos un Colegio para la
cultura de nuestro idiotismo original, señores Editores? ¿Quién sino esa misma
Corte nuestra madre, de adonde se reciben hoy los mas degradantes insultos porque
no supo, ó no tubo á bien enseñarnos á hablar el castellano….? […] 252
Como se puede apreciar el tono de la disputa se elevó al grado de profundizar la
discordia entre los vecinos sonorenses y los políticos de la “villana México”, insertando
recriminaciones al poder ejecutivo y sus órganos de difusión a través de representaciones y
anónimos. A través de representaciones e inserciones en la prensa, los ciudadanos
participaban activamente en el debate político sobre el régimen nacional, en este momento
específico, las manifestaciones sonorenses en ningún momento aluden a la toma de armas
para obtener el autogobierno. Sin embargo, la prensa expandió la opinión pública
sonorense, que en conjunto con la opinión de los federalistas “radicales” diseminados en la
república, dieron paso a las condiciones propicias para que José Urrea lanzara su
pronunciamiento en Arizpe.
b) Las proclamas de José Urrea y su pronunciamiento de 1837 en Arizpe
Desde su llegada a Sonora, José Urrea utilizó hojas impresas para atraer a la población
hacia su persona y causa. Por el estilo de escritura las he denominado como proclamas, ya
que en la época proclamar era “publicar en altas voces alguna cosa para que sea notoria y
venga a noticia de todos” (DA.2000, Vol. III, 391). Este verbo tenía una acepción
específica para una declaración usualmente asociada a lo político o militar, la cual era dada
a conocer a través de discursos o impresos para dar solemnidad a los actos públicos.
252 Excelentísimo sr. Gobernador; en AGES, R H, t.85, Villa de San Miguel de Horcasitas, 11 de diciembre de 1837.
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