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[…] leyes que siendo heterogéneas a nuestra civilización, costumbres y extensión
                         del territorio nacional, en lugar de remediar los males que se atribuían a aquella, los
                         han multiplicado espantosamente […] Sin ejército, sin hacienda, sin crédito, decaída
                         la agricultura, entorpecido el comercio, menoscabado el territorio, gimiendo los
                         pueblos bajo el peso de mil impuestos,  sin autoridad los funcionarios y con una
                         administración de justicia embarazosa y casi nula, puede decirse que la nación no
                         existe […] 256

                         Para rescatar del “caos” a la nación  y constituirla como uno “de los pueblos

                  poderosos del mundo”, Urrea, que se describía cómo “último de vosotros pero el que a


                  nadie cede en amor patrio y en el anhelo constante de vuestro bienestar”, presentó su plan

                  (ibíd.).


                         En esta proclama Urrea se dirige a otro público, ya no al sonorense, y el discurso se

                  ha ajustado. La visión es del conjunto, en la cual el centralismo está destruyendo a la nación


                  y el federalismo es la única vía de hacer de México un país de primer orden. El recurso a

                  elementos emotivos se ha reducido, pues en este nivel no operan los vínculos tradicionales

                  como el paisanaje, el parentesco o la amistad, aunque se busque sustituirlos invocando los


                  peligros que amenazan a la nación. Más bien se busca movilizar a partir de los intereses

                  concretos: impuestos, administración de justicia, la economía.


                         Otra proclama elaborada el día que se lanzó el plan de Arizpe, fue la titulada “A la

                  magnánima Nación Mexicana”, allí los políticos y vecinos sonorenses Leonardo Escalante,


                  Antonio Carrillo e Ignacio Zúñiga describen la “junta popular” en que decidieron “secundar

                  el plan del patriota General sonorense José Urrea”. El papel argumentaba el desasosiego


                  que ocasionaba a la nación “un partido hipócrita y astuto, sostenido por la espada liberticida










                  256  El ciudadano general José Urrea a los habitantes de la república en AGES, FE, t.66, exp.9, doc.041405, Arizpe, 26 de
                  diciembre de 1837.

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