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España, y para ganar adeptos ofrecerían a los indígenas la excepción del pago de su tributo,

                  pero fueron denunciados y aprehendidos (ibíd. 75,78).


                         Otra conspiración fue la de Querétaro,  que estalló en 1810. El movimiento de

                  Hidalgo logró un levantamiento popular, en el que se incorporaron pobladores de San


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                  Miguel, Celaya, Salamanca, Irapuato y Silao,  que clamaban “¡Viva Fernando VII! ¡Viva
                  la independencia! ¡Viva la América! ¡Muera el mal gobierno! ¡Viva la Virgen de


                  Guadalupe! (Guedea 1992, 10, 42, 67). Al desarrollarse el movimiento insurgente, José

                  María Morelos convocó un Congreso a realizarse en Apatzingán del 22 de octubre de 1814,


                  con el cual trató de darle carácter legal a la insurgencia.

                         Por ser de interés para mi tema retomo lo que se planteó con respecto a la


                  representación nacional, pues si bien se concibió que se basaba en los diputados electos por

                  el pueblo, consideraba que mientras no fuera posible realizar tal elección se podría adoptar

                  una “representación supletoria de la nación […] que con tácita voluntad de los ciudadanos


                  se establezca para la salvación y felicidad común” (Lemoine 1999, 239). Para Morelos, la

                  “representación supletoria” era una forma de legitimar al poder asumido por los insurgentes


                  a través de la vía violenta, al considerarse representante del pueblo, como lo habían hecho

                  los insurrectos peninsulares.

















                  26  Es posible estimar que la revuelta fue un movimiento agrario, tomando en cuenta que la mayoría de los “oficiales
                  rebeldes” ocupaban puestos importantes en la administración de las haciendas, y los “soldados de infantería” eran peones
                  o jornaleros (Tutino 1990, 47).

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