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mujeres de todas las edades hacían valer la fuerza de la comunidad, estos actos eran de
poca duración, las autoridades trataba de controlar a los implicados y posteriormente
sentenciaban les fueran aplicados azotes, trabajos forzosos, el destierro o la ejecución a
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posibles cabecillas.
Con los cambios de dinastía al principiar el siglo XVIII, también se experimentó un
cambio en el proyecto monárquico, consistente en adoptar la idea del rey como legislador absoluto
para beneficio del reino. Aun cuando se promovía este proyecto absolutista dirigido a
reorganizar la sociedad según la visión del rey, las teorías políticas que combatían el
despotismo se seguían enseñando. No obstante que las rebeliones constituían un desahogo
general, las movilizaciones de alcance regional, solo eran parte del panorama de una vida
política activa pero sin llegar a una crisis de la autoridad monárquica.
1. La vía violenta de acceder al poder 1808-1821
Un cambio importante en la concepción de la política se vivió a partir de 1808 cuando el
imperio español padeció una situación inédita por la abdicación del rey a causa de una
invasión, esto dio paso a un proceso revolucionario en las colonias, que asumieron el
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autogobierno a través de sus cuerpos políticos, como los ayuntamientos (Guerra 2003, 122,
130-138). El monarca impuesto por Bonaparte recibió el apoyo de algunas autoridades
militares, eclesiásticas y de sectores de la aristocracia, que pretendieron persuadir al pueblo
para que aceptara al “usurpador” como su gobernante; sin embargo, para el pueblo hispano
22 Los caudillos regionales podrían instar a los habitantes de una localidad incorporarse a otras fuerzas locales para vengar
agravios comunes y formar parte de una rebelión que la masa incontenida transformaría en una insurrección de gran
alcance (Taylor 1987, 222).
23 El emperador de Francia, Napoleón Bonaparte entró a la península para efectuar el pacto de Fontenaineblau que le
permitía dirigirse a Portugal para atacar Inglaterra, pero obligó en Bayona a la familia real a cederle la Corona e impuso a
José Bonaparte en el trono (Jiménez 2002, 67).
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