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fue prioridad expulsar al invasor, por lo que depuso funcionarios reales en las comunidades

                  y formó una resistencia armada el 2 de mayo en Madrid, Asturias, Andalucía, Bailen,


                  Galicia, Valencia, entre otros lugares.
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                         Si bien, antes de abdicar, Fernando VII transfirió la soberanía del reino a una Junta


                  Suprema de Gobierno que instaló en Madrid, el pueblo cuestionó la sucesión porque no

                  realizó una consulta popular conforme a las leyes peninsulares, que tampoco le concedían


                  facultad de dimisión en un extranjero (ibíd.). Ante esto, los súbditos ejercieron formas de

                  manifestación políticas inéditas, el pueblo redefinió “en su nombre” la idea de soberanía,


                  por medio de la cual, la soberanía regresaba al pueblo, en  la tradición escolástica ya

                  mencionada (Guerra 1998, 133).


                         Así, dio inicio un proceso de reconstrucción de un centro soberano cuando el 25 de

                  septiembre se instaló en Aranjuez la Junta Central Suprema y Gobernativa del Reino -

                  integrada con representantes de las dieciséis juntas locales de España- que se atribuyó ser la


                  depositaria de la soberanía pero entró en conflicto con el Consejo de Andalucía (que

                  pretendía una reforma liberal), para mediados de diciembre, la Junta tuvo que ser instalada


                  en Sevilla por motivo del avance de las tropas invasoras (Fernández Albéndiz, 2007, 26).

                         En Nueva España hubo efectos de la situación peninsular, también se debatió acerca


                  de la residencia de la soberanía, el Ayuntamiento de la ciudad de México planteó que la

                  soberanía radicaba en el pueblo, particularmente en sus cuerpos políticos y éstos la


                  devolverían al rey cuando España no estuviese amenazada, por su parte, la Real Audiencia

                  proclamaba que la soberanía del monarca estaba en los funcionarios reales (Ladd 1984,


                  156). Cuando el 31 de agosto de 1808, por votación optan no reconocer la autoridad de la


                  24  Un amplio estudio de estos movimientos revolucionarios se encuentra en la Revista de Historia Militar. Año LII. núm.
                  Extraordinario (2008) y Roberto Breña. El primer liberalismo español y los procesos de emancipación en América, 1808-
                  1824. Una revisión historiográfica del liberalismo hispánico (2006, 73, 76, 90).

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