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eclesiásticos, los gremios, universidades, consulados y audiencias. Asimismo -al no existir
una sola autoridad originada a la cabeza de un cuerpo político- la política remitía a la
capacidad de las corporaciones para obtener el favor real, en la cual desempeñaban un papel
importante las solidaridades de tipo clientelar (linaje, el parentesco político, la amistad, el
paisanaje, la vecindad en un señorío, en un pueblo, o una hacienda, la pertenencia a un
grupo étnico) (Guerra, 1998, 111-114, 136). Este sistema social y político atenuó los
conflictos al convertirse los tribunales y las diferentes instancias de autoridad en
canalizadoras de las inconformidades y fricciones entre los actores individuales y
colectivos. A pesar de ello, ocasionalmente estallaban grandes tumultos y rebeliones, pero
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en los que la autoridad del monarca no se cuestionaba, sino a sus agentes (Silva 2007, 18-
19, 46).
También había resistencias cotidianas que pretendían revertir cambios en las
comunidades, los cuales generalmente no representaban una amenaza regional porque las
causas de la excitación concernían al ámbito local (Taylor 1987, 40-182 passim). Pocas
rebeliones ocasionaron saqueos porque las acciones casi siempre eran dirigidas contra
alguna autoridad o sitio que representara al malestar y generalmente la violencia terminaba
tras lograr el objetivo (liberar presos, expulsar enemigos, etc.) o pactar que se atenderían
sus reclamos. Las autoridades se veían obligadas a negociar con las masas por temor a la
expansión de la rebelión, la cual percibían cual “epidemia” que podría destruir los cuerpos
políticos (ibíd. 180).
Normalmente, en su mecánica de convocatoria, los participantes se congregaban en
sitios de referencia como la iglesia, el cementerio, las plazas; aun cuando hombres y
21 Para Natalia Silva, el motín de ciudad de México en 1692 fue posible porque “la justicia en estas sociedades se concebía
como un asunto colectivo que permitía la conservación de los órdenes político, social y cotidiano” (2007, 54). Tomando
en cuenta esta reflexión, coincido en la perspectiva de que estudiar las movilizaciones populares permite observar parte de
la cultura política de los sectores menos privilegiados ante los problemas de legitimidad de la autoridad.
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