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117 sostenían sus argumentos y críticas siguiendo principalmente los ideales y conceptos clásicos. El argumento básico de los republicanos como Marsilio, fue alcanzar la paz y la concordia, pax et concordia, términos que representaban el valor supremo de la vida política. Uno de los tratados de Remigio titulado El bien de la paz comienza afirmando que “la paz es el principal objetivo y mayor bien del pueblo” (Skinner 1993, 1:77). Marsilio y Bartolo, incluso Maquiavelo así lo querrán, esas son, para Skinner, las intensiones genuinas, pero donde se dará las innovaciones será en los métodos que eligieron para llegar a ese ideal. Sin embargo, en cuanto enfocamos su contexto político inmediato resulta evidente que Marsilio no sólo estaba escribiendo una obra abstracta de pensamiento constitucional: también estaba haciendo un conjunto concreto de propuestas políticas que -aunque indudablemente las considerara válidas para todos los tiempos- manifiestamente se proponían, en primer lugar, resolver los problemas específicos de las ciudades-repúblicas italianas (Skinner 1993, 1:82). Debido a que la política de las ciudades italianas estaba siendo socavada por las facciones interiores, para los teóricos escolásticos el mayor temor era la formación de bandos rivales por grupos hostiles de ciudadanos. Así pues, la principal pregunta que plantean es cómo evitar esto. La solución que proponen tanto Bartolo como Marsilio es que “el gobernante” debe ser todo el cuerpo del pueblo, de modo que, en principio, no pueda surgir ninguna lucha intestina (Skinner 1993, 1:83). La manera en como Marsilio y Bartolo pasan a defender esta tesis central les obliga a hacer una evaluación fundamental de las suposiciones escolásticas prevalecientes acerca de la soberanía popular. En Santo Tomás se establecía una distinción entre los tipos de
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