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122 Respecto a la crueldad, la cual era vista como una práctica pecadora y anticristiana, Maquiavelo arguye que es inevitable si el príncipe desea mantener a sus súbditos “unidos y leales”. Y por último subraya el valor del engaño y la mentira diciendo que “la experiencia actual muestra que los príncipes que han logrado grandes cosas han sido los que han empeñado su palabra a la ligera y sabido engañar” (Skinner 1993, 1:159). Es así, como señala Skinner, que la diferencia decisiva entre Maquiavelo y sus contemporáneos se encuentra en la naturaleza de los métodos que consideraron apropiados para alcanzar estos fines. En el siglo XVI y XVII Maquiavelo fue acusado como el corruptor de la idea verdadera de política y señalado como el escritor que transformó las más nobles artes en el arte del gobierno tiránico. Pero en el norte de Europa, James Harrington (1611-1677) reclamó en los preliminares de su libro Oceana (1656) que el gran logro de Maquiavelo fue la recuperación del ideal republicano como opuesto a las políticas del arte de la tiranía. Con la influencia de Maquiavelo, Harrington hace una distinción entre la prudencia “antigua” y “moderna”. La prudencia antigua era revelada a la humanidad por Dios y fue seguida por los griegos y romanos; en este tipo de gobiernos la sociedad civil está instituida y preservada sobre los derechos e intereses comunes. Lo contrario sucede en la prudencia moderna, donde el gobierno de una ciudad o nación es de acuerdo a los intereses privados de un hombre o de pocos (Viroli 1990, 144). El pensamiento del sujeto es el objetivo esencial para Skinner dada su influencia collingwoodiana. El sujeto se ve sometido a un contexto dilucidado y trabajado desde lo intelectual e intertextual que esclarece situaciones que con las perspectivas tradicional,
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