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139 democráticas y étnicas que se ha perpetuado a través de la historiografía oficialista y los libros de texto gratuito (Luna 1997, 216). Jorge Sayeg Helú afirmó, según María Luna Argudín, que la línea ideológica que se trazó en nuestro país ha sido un “ideario ininterrumpido que habiendo nacido socio-liberal al despuntar el siglo XIX, siguió siendo socio-liberal al mediar dicha centuria, y socio-liberal llega y surge de la Revolución Mexicana en los albores del siglo XX (Luna 1997, 223). Es con la obra de Charles Hale: El Liberalismo mexicano en la época de Mora, donde se deshace esa lógica y discurso, renovando la historiografía intelectual mexicana, contextualizando nuestras ideologías históricas en marcos intelectuales más amplios. Hale desprende de su marco local los debates relativos a las supuestas tensiones observadas en el pensamiento liberal mexicano para situarlas en un escenario más vasto, de proyecciones atlánticas (Palti 2007, 29). Desde el exterior, este historiador norteamericano vino a darle un giro renovado a las perspectivas de historia de las ideologías. En la obra del historiador francés Francois-Xavier Guerra, se encuentra una tarea renovadora que desestabiliza las estrecheces de los marcos dicotómicos tradicionales propios de la historia de ideas (Palti 2007, 51), y que conecta las transformaciones conceptuales con las prácticas políticas asociadas con la emergencia de nuevos ámbitos de sociabilidad y sujetos políticos (Palti 2005, 24). A pesar de estos avances y enseñanzas que se introdujeron por parte de historiadores extranjeros, ha seguido dominando la tendencia oficial y tradicional de un esquema bipolar (liberalismo contra conservadurismo), de contextos reducidos a lo meramente regional y nacional, y con cuestionamientos y

