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138 Para terminar este apartado de conclusiones me parece importante puntualizar que hay dos motivos particulares que impulsaron la elaboración de esta tesis de Maestría. El primero, es coadyuvar en el desarrollo de la historia de las ideologías en México; y segundo, en la actualización de la historiografía mexicana. La historia del pensamiento político en México carece de una tradición propia y en la mayoría de los casos en que se ha producido no ha sido por los propios historiadores mexicanos. La historia de las ideas en México se rastrea a mediados del siglo XX inspirada en José Ortega y Gasset, quien formuló una definición del hombre que tuvo un fuerte impacto en Hispanoamérica: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo” (Villegas 2003, 121). La definición de Ortega sobre la salvación de un objeto, un hecho, una idea, un sentimiento, implica situarlo en su propia circunstancia, en la plenitud de su significado, para que pueda lucir en mejor aspecto (Villegas 2003, 122). José Gaos, por su parte, censuró lo que llamaba “el imperialismo de las categorías” o la tendencia a utilizar en nuestra historia los conceptos y categorías de la cultura europea. El filósofo Leopoldo Zea fue el primero que trabajó de manera notable la historia de las ideas, pues detectó la función que tuvo el positivismo en México como herramienta intelectual revolucionaria contra el conservadurismo y la Iglesia. De esta forma, ya había principios filosóficos que podían ser bases epistemológicas e historiográficas fuertes para emprender una historia de las ideas con perfil y material propio. Pero ¿Por qué no prosperó y se desarrollo más esta tendencia en la historiografía mexicana? La historia de las ideas políticas en México tiene un legado, desde Reyes Heroles en 1959, de un liberalismo con connotaciones republicanas, laicas, nacionalistas,

