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Los primeros pasos en la organización de las misiones de la Pimería Alta. Expulsados los misioneros jesuitas de los territorios del imperio español, el Rey solicitó la llegada de nuevos clérigos mediante la gestión del marques De Croix, virrey de la Nueva España, fijando su atención en los franciscanos del Colegio de la Santa Cruz de Querétaro, para sustituir a los jesuitas que estuvieron a cargo de las misiones de la Pimería Alta y Baja en la provincia de Sonora, respetando el monto del sínodo igual al que ostentaban los jesuitas, “en este supuesto con el de ser la causa tan Santa y por los particulares encargos que me hace el Rey. Se ha de servir vuestro reverendísimo, destinar catorce religiosos a lo menos doce para las misiones de las Sonoras, como su majestad permite el que por ahora se continúen los sínodos a los curas y misioneros […]”. 167 Los bienes de misión o temporalidades que los misioneros jesuitas administraron en las misiones de la Pimería Alta, fueron inventariados por vecinos españoles con nombramiento de comisarios dado a nombre del Rey. Si bien las temporalidades no fueron entregados inmediatamente a los padres franciscanos, una parte de ellas siguió estando en activo como el ganado, pastura y semillas con el fin de asegurar la permanencia y alimento de los indios, realizando sus actividades acostumbradas para el cuidado de dichos bienes. Para ilustrar este momento de transición de la expulsión de jesuitas y llegada de franciscanos a las misiones, es importante tener en cuenta que los comisarios reales fueron los administradores responsables de las temporalidades de los pueblos de indios, durante la ausencia de misioneros, quedando a cargo de la administración de los pueblos junto con el gobernador indio o el alcalde. Don Antonio de Velasco fue comisionado por don Juan de Pineda para hacer inventario de la misión de San Ignacio “de todas las alhajas, bienes y efectos que hallase en ella, como también de todos los papeles y libros principalmente en el que se lleva la cuenta de la misión”. La elaboración de dicho documento fue avalado con la presencia del gobernador, alcalde del pueblo y dos testigos. Finalmente se elaboró 167 AFSCQ. Documento1, legajo 14. enviado por el Marques de Croix el 8 de julio de 1767 al padre guardián del Colegio de la Santa Cruz.

