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recibirlas fueran mediante inventario, como en el caso de la entrega del templo, bienes litúrgicos y de la casa del misionero, debiendo firmar tanto el que recibía como el que entregaba. Asegurando al padre misionero como responsable directo del destino espiritual y temporal de los indios. En este sentido, los misioneros franciscanos igual que los jesuitas calificaron a los indios como los más ignorantes, falta de conocimiento y madurez para vivir en sociedad, para realizar cualquier transacción, intercambio o cuidado de sus bienes personales y misionales. […] los indios por su indisticidad y ninguna cultura en la policía o trato humano no son sujetos capaces, para manejarse por si solos, ni para celebrar aquellos contratos, compras y ventas que naturalmente han de intervenir para solicitar lo que necesitan y expender las semillas y otros bienes. Por esto están señalados para tutores suyos los ministros por cédulas de su majestad…que mirando a que no se pierda el sudor de esos pobres ni les falte lo necesario para la vida, convenimos gustosos que en todo lo dicho de compras, las ventas y demás tratos que se ofrecieren intervengan los ministros…que hagan manifiesto 206 su proceder desinteresado. Para la organización y administración de las misiones, se habilitaron libros foliados y se hizo indispensable las anotaciones del número de hojas ocupadas por las distintas partidas como: las de bautizos, casamientos y defunciones, incluyendo el número de personas que existían en la misión, anotándose sus respectivos nombres, edad, sexo y grupo étnico al que pertenecía. 207 Para control de los bienes temporales, cada cabecera y pueblo de visita de la misión debía de contar aparte de los libros de partidas de bautizos, casamientos y defunciones, con un “libro de cuentas y de sus inventarios, así como un hierro y señal para distinguir el ganado y bestias de la misión”. Por otro lado, debía mantener la misión los documentos legales y mercedes de sitios que avalaran la dimensión territorial de las mismas, así como los puntos colindantes con las tierras vecinas. 208 Como podemos apreciar la administración de las misiones de la Pimería Alta, fue sujeta a un reglamento de rendición de cuentas por parte de los funcionarios del Colegio y de los funcionarios reales. Los misioneros contemplaron por mandato del padre guardián: el llevar un control sobre las cuentas de la misión, las memorias o listas de los bienes necesarios de que serían enviadas a su superior para su inspección y en último caso para su 206 Ibíd. 207 AFSCQ. Documento 3, legajo 14. septiembre 30 , 1772, firmado por fray Romualdo de Cartagena 208 Ibíd.
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