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Expulsión de los misioneros jesuitas y la Campaña de pacificación. La primera iniciativa radical de Carlos III fue decretar la expulsión de los padres ignacianos el 27 de febrero de 1767. En el decreto se conminaba “[…] el extrañamiento de estos reinos a los regulares de la compañía, ocupación de las temporalidades y prohibición 23 de su restablecimiento en tiempo alguno […]”. Como evento político representó un hito en la historia del noroeste novohispano marcando un nuevo destino en el desarrollo de la sociedad en la región aspecto central del presente estudio que permitirá conocer las características históricas del nuevo sistema de organización y administración de los pueblos en las provincias de Sonora y Sinaloa, a partir de las medidas implementadas por el Rey a través de José de Gálvez. Los jesuitas habían jurado desempeñarse de acuerdo a la política del Estado monárquico, sin embargo los problemas se suscitan cuando asumen el doble compromiso de dar obediencia al Rey y al Papa. En principio no representó ningún problema el servir a ambos, pero con la asunción del absolutismo Borbónico al poder, las cosas se vieron de diferente manera. La puesta en marcha de la política regalista instrumentada por los funcionarios del imperio para sujetar a la iglesia al poder civil, no fue bien recibida por los 24 padres ignacianos. José Refugio Curiel expresa que con la expulsión de los misioneros de la región la corona española se beneficiaba al menos de dos maneras Eliminó una corporación que había llegado a ser identificada como concentradora de importantes capitales e influjo en la sociedad. Pero esta política parecía estar alentada también por la tentativa de reorganizar las comunidades de misión para situarlas en forma más directa bajo el control de los funcionarios reales: en pocos años este proyecto habría de madurar mediante la creación de la Comandancia General de Provincias Internas (1776) 25 y la erección de la Diócesis de Sonora (1779). Las instrucciones de la expulsión de los jesuitas fueron signadas a la Nueva España por el conde de Aranda, quien fungía como presidente del consejo de Castilla en España, mientras que su aplicación en la Nueva España fueron decididas por el virrey don Carlos 23 Ibíd., 262-265. 24 Ibíd., 263. 25 José Refugio de la Torre Curiel, Vicarios en Entredicho (Guadalajara: Colegio de Michoacán- Universidad de Guadalajara, 2001), 321.

